13. Pepe y los rumbos de este mundo

—Ey, perdedores, ¿qué están haciendo aquí? –gritó Bryan el matón mientras se acercaba con un grupo de amigos.

Pepe y dos de sus amigos, Tom y Bernice, estaban jugando afuera cerca de sus casas. Tan pronto como Pepe escuchó la voz de Bryan, se volteó y se sorprendió al ver tanto a Bryan como a sus amigos todos vestidos completamente de amarillo.

Pepe se rió. El espectáculo era tan divertido que se olvidó de la rudeza de Bryan.

—¿Por qué están todos vestidos de amarillo? —Pepe los miró de arriba a abajo.

—Ni se te ocurra… –empezó a decir Bryan, pero Eleonor lo interrumpió y dijo sin rodeos: —¿No lo han oído, perdedores? El amarillo es el modo de hoy en día. El amarillo es el color que todos debemos usar. ¡El amarillo trae felicidad y nos hace ser lo máximo, perdedores!

Después de este corto discurso, los tres matones, Bryan, Eleonor y Esteban, se quedaron mirando fijamente a Pepe y a sus amigos tratando de intimidarlos.

Esteban rompió el silencio: —Ey, ¡únanse a nosotros si no quieren ser perdedores! Eso es lo que dicen las voces. Todavía hay tiempo antes de que…

—¿Antes de qué? –preguntó Bernice.

—¡Antes de que les rompamos las narices! –Bryan se rió bruscamente.

—O, antes de que estén completamente solos y totalmente aislados de este mundo –añadió Eleonor.

—¡Vámonos! – ordenó Bryan–. Estos tres no merecen nuestro tiempo.

Al día siguiente, Pepe, Bernice y Tom, decidieron reunirse de nuevo. Estaba nublado y gris, pero mientras no lloviera, ¡estaban listos para divertirse al aire libre!

Mientras hablaban de sus comidas favoritas, escucharon la voz amenazadora de Bryan:  —¿Y qué están haciendo hoy, perdedores?

—Ay no –dijo Tom con un suspiro–. ¡Aquí vienen de nuevo!

Tan pronto como se voltearon hacia la pandilla, se sorprendieron pues Bryan y sus amigos llevaban anteojos oscuros, o anteojos de sol, en un día tan nublado.

Pepe no pudo contenerse, así que preguntó antes de reírse: —¿Por qué llevan anteojos oscuros en un día tan nublado y gris como hoy?

—¡Estoy perdiendo la paciencia con ustedes! –rugió Bryan.

—¡Pepe! ¿Qué te pasa? –habló Eleonor–. ¿No han oído, perdedores? Usar anteojos oscuros importa porque es el modo de hoy en día. Todos debemos usar anteojos oscuros todo el tiempo. ¡Usar anteojos oscuros trae felicidad y nos hace ser lo máximo, perdedores!”

Luego, Esteban añadió: —Ey, ¡únanse a nosotros si no quieren ser perdedores! Eso es lo que dicen las voces. Todavía hay tiempo antes de que…

—Lo sé, lo sé… –interrumpió Bernice–. Antes de que nos rompan la nariz, o antes de que estemos solos y totalmente aislados de este mundo.

—¡Sí! –gritó Bryan.

—Vamos a mi casa –dijo Tom ignorando a los tres matones–. Mamá hizo hoy galletas deliciosas.

Los tres amigos comenzaron a caminar hacia la casa de Tom, sin mirar hacia atrás, aunque sabían que los matones los miraban fijamente mientras se alejaban. Eso es, si los matones eran capaces de ver con esos anteojos oscuros que llevaban en un día tan gris y nublado.

Al día siguiente, Pepe, Bernice y Tom, decidieron verse otra vez. Era un día tan hermoso y soleado que no pudieron evitar reunirse de nuevo afuera para jugar con un frisbee o disco volador.

Estaban divirtiéndose mucho cuando, de repente, la voz amenazadora y penetrante de Bryan trajo tristeza y miedo a sus corazones.

—Perdedores, jugando al frisbee hoy, ¿eh? –la voz gruñona de Bryan podía oírse desde lejos.

Cuando los matones se iban acercando, Pepe giró su cabeza para ver qué tipo de “novedad” llevarían, y cuando los vio, su boca se abrió de sorpresa pero no pudo hablar. ¿Era eso real? ¡Eso era una locura! Los tres matones llevaban la ropa al revés.

—¡Jajajaja! –se rió Pepe, sin pensar, ante tal panorama. Tom y Bernice se voltearon para ver lo que hacía reír a Pepe, y tampoco pudieron evitarlo. ¡Ellos también empezaron a reírse a carcajadas!

Pero la risa no duró mucho, pues Bryan los silenció con un grito aterrador: —¡Cállense!

Luego, el matón habló con su voz amenazadora:  —¿Por qué están jugando hoy al frisbee, perdedores?

Pepe, aunque estaba un poco asustado, también tenía curiosidad y estaba sorprendido, así que tuvo que preguntar: —¿Por qué hoy están usando la ropa al revés?

—¡No puedo creer que tenga que repetir esto! –Eleonor se quejó y volteó sus ojos exasperada–. ¿No saben, perdedores, que llevar la ropa al revés es el modo de hoy en día? Todos debemos llevar la ropa al revés todo el tiempo. ¡Llevar la ropa al revés nos trae felicidad y nos hace ser lo máximo, perdedores!

—¡Me parece una tontería! –Tom no pudo evitar quedarse callado.

—Tengan cuidado con lo que nos dicen –dijo Esteban–. Ey, ¡únanse a nosotros si no quieren ser perdedores! Eso es lo que dicen las voces. Todavía hay tiempo antes de que…

—Antes de que nos rompan la nariz, o antes de que estemos solos y totalmente aislados de este mundo –respondieron Pepe, Bernice y Tom al mismo tiempo mientras que empezaron a correr hacia la casa de Bernice que no estaba muy lejos.

Esa noche en su habitación, Pepe estaba pensativo y preocupado. ¡Los rumbos de este mundo le parecían muy extraños y demasiado locos! Entonces, un sentimiento de soledad y pesadez se apoderó de su corazón.

En ese momento Jesús se hizo visible y le susurró: –Mis ovejas reconocen mi voz, y yo las conozco y ellas me siguen [Juan 10:27]–. Entonces, el Padre y el Espíritu Santo aparecieron junto a Él.

—Pepe –dijo el Padre–, ¡nunca vas a sentir que encajás en este mundo porque pertenecés a nuestro Reino! Por lo tanto, vivís en este mundo pero no sos de este mundo.

Pepe hizo una cara de confundido.

—Sos un ciudadano del Reino de Dios y sos un hijo precioso para el Padre ­–exclamó alegremente el Espíritu Santo–. Y esto es gracias al trabajo que Jesús hizo en la cruz por vos y por cualquiera que crea en Él, que se arrepienta o se aleje de los viejos caminos, y que le obedezca.

—Y –añadió el Padre–, no es casualidad que estés aquí. Fuiste creado para este momento exacto en la historia y lugar en el mundo.

—¿De verdad? –Pepe miró emocionadamente a los Tres Mosqueteros.

—Pepe, mucha gente te odiará por mi culpa… –dijo Jesús tristemente–. Pero no te rindás, sé fuerte y tené la seguridad de que estamos con vos. Pensá también en la esperanza que tenés porque pertenecés a la familia de Dios, y en el tiempo en el cual que te unirás a nosotros en nuestro Reino! ¡La alegría va a ser inmensa, más de lo que te podás imaginar! ¡No habrá más lágrimas! ¡No habrá más tristeza! ¡No habrá más confusión! ¡No habrá más matones!

Pepe miró a Jesús a los ojos.

—Mientras tanto –continuó Jesús–, mostrá nuestro Reino con palabras y acciones, y hacelo con cualquier persona que te enviemos… y esto incluye a los matones que te encontraste en los tres últimos días. Orá por ellos. Amalos, y mostrales nuestro amor por ellos también. Son ovejas perdidas.

—Es difícil –murmuró Pepe–, sobre todo cuando hay tanta presión de los demás o cuando podría salir herido.

Entonces, el Espíritu Santo llenó a Pepe de una tremenda sensación de paz y fuerza, y fue tanto así que Pepe se sintió inmediatamente animado. Un sentido de misión por el Reino de Dios se apoderó de él.

Pepe saltó de la cama con alegría, y comenzó a quitarse la pijama para ponerse su ropa…

Con una sonrisa en sus rostros, los Tres Mosqueteros preguntaron al mismo tiempo, a pesar de que sabían la respuesta: —¿Qué estás haciendo?

—¡Voy a conquistar el mundo ahora! –Pepe dijo entusiasmado mientras se vestía.

—Despacio, despacio… dijo el Padre tiernamente–. Esa tarea puede esperar hasta mañana por la mañana. En estos momentos, creo que necesitás un merecido descanso y un buen sueño.

Los Tres Mosqueteros le dieron un beso en la frente y luego, por el momento, desaparecieron de la vista.

Citas bíblicas relacionadas con el cuento:
Efesios 2:1-2
Filipenses 3:20
Juan 18:36

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