24. Pepe honra a su mamá y papá

—No me dan otra opción que llamar a sus padres ahora mismo, niños –dijo con firmeza, a Pepe y a Gilbert, el guarda de un concurrido centro comercial–. Es la tercera vez que les pido que no anden en patineta frente a este edificio. Es peligroso. Este no es el lugar adecuado para ello.

Samuel, el guarda, era un hombre de mediana edad, amigo de los padres de los chicos. Todos vivían en la misma calle, y eran muy activos en la asociación de su barrio.

Cuando llegaron las dos parejas de padres, el papá de Pepe fue el primero en hablar, y lo hizo con una voz autoritaria pero suave y cariñosa: —Pepe, tu mamá y yo te hemos dicho varias veces que no usés tu patineta en esta zona… ¿en qué estabas pensando?

La mamá de Pepe miró a su hijo con severidad: —Vamos a casa, tenemos que hablar.

La mamá de Gilbert interrumpió mientras acariciaba a su hijo en la cabeza: —Está bien cariño, está bien… podés andar en patineta donde querás.

El papá de Gilbert miró a su hijo con una sonrisa: —Tenés el derecho a andar en patineta donde te apetezca, hijo… además, esto es un espacio público. 

Esa misma tarde, después de una larga conversación con sus padres, Pepe se fue a su habitación para reflexionar sobre todo lo que acababa de suceder.

—Envidio a los padres de Gilbert –murmuró Pepe para sí mismo–. Le quieren lo suficiente como para dejarlo disfrutar. ¡Qué dichoso!

—¿Qué estoy oyendo? –Dijo alarmado el Espíritu Santo mientras se hacía visible con un ruidoso “puf”.

—Ay no, ay no… –dijo Jesús con tristeza mientras se manifestaba también a Pepe. 

Luego el Padre se hizo visible a Pepe, pero con lágrimas de tristeza que bajaban por sus mejillas. No tenía palabras pues tenía un enorme dolor en su corazón. 

—Pepe… –El Espíritu Santo rompió el silencio–, nosotros, Dios (Padre, Hijo y Espíritu Santo), somos los que decimos a los padres que enseñen a sus hijos a distinguir el bien del mal, para que cuando sus hijos sean mayores sigan haciendo el bien. [Proverbios 22 :6]

Jesús añadió: —Los padres que aman a Dios, que realmente nos tienen a nosotros (Dios) en sus corazones, los disciplinarán para el bien de ustedes. Y lo harán porque tienen nuestro amor y sabiduría en ellos. Les encargamos que… los críen según la disciplina e instrucción del Señor. [Efesios 6 :4]

El Padre finalmente habló: —La sana corrección es buena, y si la aceptás, serás sabio. Sólo te perjudicás a vos mismo si la rechazás, por lo tanto, tiene sentido aceptarla. [Proverbios 15 :31-32]

—Sí, supongo que tiene sentido… –dijo Pepe pensativo–, ¡pero no es divertido!

 Jesús se volvió hacia él con una gran sonrisa: —Ciertamente, ningún castigo es agradable en el momento de recibirlo, sino que duele; pero si uno aprende la lección, el resultado es una vida de paz y rectitud. [Hebreos 12 :11]

—Y no olvidés nuestro mandamiento –le guiñó el Padre a Pepe–. Honrá a tu padre y a tu madre… [Éxodo 20 :12]

La cara de Pepe se puso roja de vergüenza ya que no sólo había desobedecido a sus padres, sino que además no había sido respetuoso y amable con ellos cuando le hablaron con tanto cariño aquella tarde.

—Por cierto –intervino el Espíritu Santo–, algunas personas te dirán que no necesitás honrar a tu madre y a tu padre. Anularán la Palabra de Dios por sus propias creencias y deseos [Mateo 15 :6].  Así que tené cuidado cuando eso suceda… no los escuchés.

—De acuerdo –Pepe se sintió muy triste de que algunas personas pudieran hacer eso.

—Mmm, vamos a ver… –dijo Jesús pausadamente–, el hijo sabio alegra a sus padres; el hijo necio los menosprecia [Proverbios 15 :20].  Así que… ¿tenés algo que decir a tus padres ahora, Pepe?

Pepe se quedó pensando un momento y, después de unos segundos, salió corriendo a la sala y saltó a los brazos de sus padres: —¡Lo siento, mamá y papá! ¡Los quiero mucho! Gracias por corregirme hoy. ¡Sé lo mucho que me quieren!

Los padres de Pepe lo abrazaron inmediatamente. Luego, su papá le dijo: —El Señor corrige a las personas que ama y disciplina a las que llama suyas [Hebreos 12 :6]. Y su mamá, después de darle un dulce beso en la cabeza le indicó que, así como ellos lo corregían, ellos también recibían la disciplina de Dios. [Deuteronomio 8 :5]

Pepe se volteó hacia su madre con ojos de asombro, y ella añadió: Hijo mío, no despreciés la disciplina del Señor, ni te ofendás por sus reprensiones. Porque el Señor disciplina a los que ama, como los padres corrigen a un hijo al que quieren mucho. [Proverbios 3 :11-12]

En ese momento sonó el teléfono y Pepe contestó.

—Hola, Pepe… soy yo, Gilbert… –a Pepe le pareció que su amigo tenía dolor.

—¡Hola Gilbert! ¿Qué sucede? ¿Estás bien? –Pepe estaba preocupado.

 —Sólo quería decirte que tus padres tenían razón al no dejarte andar en patineta en esa zona. Estoy en el hospital ahora… –la voz de Gilbert daba la impresión de que también se sentía solo.

—¿Qué? –Pepe no podía creer lo que su amigo le estaba diciendo.

—Sí, tuve un accidente. Casi atropello a una señora mayor que entraba en el edificio, y cuando me desvié para no alcanzarla, golpeé un hidrante y caí con fuerza al suelo y me tuvieron que traer al hospital para que me dieran unos puntos… ¡ay! ¡Me duele! Además, mi patineta salió disparada a la calle y un camión le pasó por encima.

Pepe notó que los Tres Mosqueteros lo observaban mientras escuchaba a su amigo. El Espíritu Santo habló al corazón de Pepe, así que Pepe dijo: —¡En el nombre de Jesús, te pido Padre Dios que por favor sanés a Gilbert rápidamente de sus heridas y de su dolor!

—¡Gracias por la oración, amigo! –oyó Pepe que decía Gilbert mientras colgaba. Luego se volvió hacia los Tres Mosqueteros mientras se hacían invisibles de nuevo, notando que estaban muy alegres con la petición de oración y con el cambio de actitud hacia sus padres.

Citas bíblicas relacionadas con el cuento:
 
Efesios 6 :2-3
Hebreos 12 :10
Proverbios 12 :1

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