19. Pepe, sus amigos, y los ídolos

Clin, clin, clin… las monedas tintineaban en la alcancía de Pepe mientras caminaba, por su barrio, llevándola cuidadosamente en sus manos.

—¿Dónde podré enterrar este dinero? No quiero compartirlo con nadie –pensó Pepe–. Una vez que vacíe estas monedas en el hueco que voy a hacer y lo cubra, como el tesoro de un pirata, tendré más espacio en mi alcancía para acumular aún más dinero, ¡y todo para mí… ja-ja!

—¡Ey!, Pepe, ¿qué estás haciendo? –Bernice se acercó a él, llevando en sus manos una delicada estatuilla de cristal con forma ángel.

—Ay, no –se dijo Pepe. No quería ser visto, pero era demasiado tarde, Bernice estaba delante de él.

—Bueno… –Pepe no sabía qué decir, no quería revelar su propósito.

—¿Te gusta mi hermoso y delicado angelito de cristal? –preguntó ella. 

—Eh… –empezó a decir Pepe.

—Bernice no lo dejó contestar pues inmediatamente se quejó, mientras le mostraba el angelito: —¡Estoy frustrada! ¡No me responde! El otro día le pedí que hiciera algo para mí y no hizo nada, de hecho, es totalmente mudo… ¡imaginate! ¡Y pensar que lo trato como realeza! Pero me gusta mucho…

—¡Hola, amigos! –Tom apareció de repente–. ¿Les gusta mi nuevo bate de béisbol?

Bernice y Pepe se voltearon hacia Tom.

—¡Lo llamo mi bate de béisbol de la buena suerte! Tiene mucha personalidad. He ganado dos partidos con él. Debería hacerle un santuario en casa pues es genial –la voz de Tom estaba llena de orgullo.

—¿Qué sucede aquí? –apareció Katie–. No sabía que nos íbamos a reunir hoy.

—No, no lo íbamos a hacer –dijo Pepe exasperado.

—Por cierto, ¿les gusta mi plantita? –Katie les mostró una maceta con una planta que llevaba en las manos–. Hablo con ella todos los días y compartimos secretos. Ella me da buena energía, y ahora es mi mejor amiga ya que siempre está conmigo y me escucha.

Extrañamente, los cuatro amigos comenzaron a sentirse incómodos. Una tensión surgió en el ambiente y ninguno de ellos podía mirarse a los ojos. Tom empezó a pulir su bate, Bernice frotaba su ángel, y Katie le susurraba a su planta que era hora de irse. De repente se oyó un zumbido en el aire y los Tres Mosqueteros se hicieron visibles a los niños.

—¡Uy! –exclamó Jesús–. ¿Qué está pasando aquí? Siento una pesadez en la atmósfera… 

—Parece que estos niños se han olvidado de nosotros –dijo el Padre afligido, y una lágrima corrió por su mejilla.

—¡Papá Dios, no llorés por favor! –Katie se puso muy triste.

“Queridos hijos, apártense de los ídolos!” [1 Juan 5:21] –Intervino el Espíritu Santo citando la Sagrada Escritura.

—¿Ídolos? –preguntaron los cuatro niños al mismo tiempo.

Jesús los miró con compasión y les dijo: —Sí, ídolos o dioses falsos. Me refiero a cualquier imagen o cosa que adoren o a la que muestren devoción. Estas no son, ni representan, al “Dios verdadero, el Dios viviente” [Jeremías 10:10].

—Pero nosotros no tenemos dioses falsos –Pepe estaba muy confundido.

—Bueno… veamos qué tenemos aquí –dijo el Espíritu Santo con paciencia–. ¿Qué hay de tu avaricia y amor por el dinero? O, ¿qué tal si le rezas a un ángel de cristal hecho por el hombre?… ah, y por cierto, “los ángeles son simplemente espíritus al servicio de Dios, enviados en ayuda de quienes han de recibir en herencia la salvación.” [Hebreos 1:14].

—¡Con razón esta figurita de ángel estaba tan callada! –se quejó Berenice.

El Espíritu Santo se rio de las palabras de Bernice, y mientras animaba sus corazones continuó: —¿Qué más? ¿Qué tal un bate de béisbol, simple objeto de madera útil para el juego, pero nada más? ¿O esa hermosa planta que no es sino otra maravillosa creación de Dios?

—Sí, me preguntaba si realmente iba a ganar todos los partidos debido a este bate de béisbol –se avergonzó Tom.

“Adorá al Señor tu Dios y servile sólo a Él.” [Lucas 4:8]” les recordó Jesús con un guiño.

—Lo entiendo… la planta es sólo una planta, como un árbol es sólo un árbol –dijo Katie–, pero ¿qué tal venerar a la gente buena?

—¡Muy buena pregunta, Katie! –respondió el Padre–. Hay personas que han hecho, o están haciendo actualmente, cosas maravillosas (grandes y pequeñas) por nosotros y por nuestro Reino, y es estupendo que las admiren y que las mismas sean una inspiración para ustedes, pero “no se inclinen delante de ellas ni las adoren. Yo, el Señor su Dios, soy un Dios celoso. …” [Éxodo 20:5]. Sí, exijo todo el amor de cada uno de ustedes.

Los corazones de los niños, al igual que sus cabezas, se inclinaron con reverencia hacia Dios. De repente, ¡sus corazones parecían saltar dentro de ellos!

—¿Qué fue eso? –preguntó Pepe mirándose el pecho.

—¡Sí! –dijeron los otros tres niños–. ¿Qué fue eso? Y ellos también se miraron el pecho

—Ese fui yo, iluminando cada uno de sus corazones para darles la alegría de adorar al Padre y sus palabras. Así que, ¿me sintieron? El Espíritu Santo sonrió, y entonces, viendo que tenía la atención de los niños, añadió: —No sean como algunas personas “que dicen ser sabias, pero son necias. No adoran al Dios glorioso y eterno, en cambio, adoran a ídolos con apariencia de seres humanos y animales” [Romanos 1: 22-23]… y a muchas otras cosas.

–¿Cómo qué cosas? –preguntó Bernice con una voz tímida.

Jesús estaba muy contento de que los niños tuvieran tanta curiosidad: —Bueno, otras cosas como las actitudes negativas que se convierten en obsesiones, especie de dioses, tales como las posesiones materiales, el egoísmo, sus cuerpos, el poder, la fama… 

–Ay Jesús, por favor, esperá un segundo –lo interrumpió Bernice–, ¡son tantas cosas que me estoy mareando!

—¡Sos tan delicada! –dijo Pepe de muy mal modo.

—Pepe, no hablés así –Jesús le miró a los ojos con tristeza–, todas las personas son diferentes y hermosas para nosotros. Luego continuó: —El punto es que un ídolo es todo aquello que los aleja de nosotros, ¡sus Tres Mosqueteros!

—Piensen en esto, niños –intervino el Espíritu Santo–, Dios el Señor formó al hombre de la tierra misma, y sopló en su nariz y le dio vida. Así el hombre se convirtió en un ser viviente”. [Génesis 2:7]. Ustedes fueron creados por nosotros, a nuestra imagen, ¡ninguna otra criatura de la creación tiene ese honor! Además, fueron creados para vivir en comunión con nosotros, así que, si se separan y tratan de llenar ese vacío con dioses falsos o ídolos, nunca se sentirán completos…experimentarán una sensación de vacío, de algo que les falta y nunca estarán contentos o tendrán verdadera paz.

—Ahora yo soy el que se siente mareado y confundido –se sonrojó Pepe.

Los Tres Mosqueteros sonrieron cariñosamente a los niños, les soplaron un beso, y desaparecieron de su vista.

Después de un incómodo silencio, Tom dijo alegremente: —¡Lo tengo! No se trata de religión, sino de una relación personal con el “Dios vivo y verdadero” [1 Tesalonicenses 1:9].

—Sí –Katie aplaudió de la emoción–, y Él quiere todo nuestro corazón y no sólo un poquito, y sólo para Él. Nuestro Dios, que es uno-en-tres y tres-en-uno, está siempre con nosotros y le podemos hablar en cualquier momento, además, ¡nos quiere mucho!

—¡Y Él nos bendecirá por nuestra obediencia y fidelidad! –El Espíritu Santo inspiró a que Bernice dijera en voz alta.

—Mmm… me pregunto si Dios podría ayudarnos a ver, y también a deshacernos de nuestros ídolos personales… ¡les digo que eso es muy difícil de hacer! –dijo Katie, perdida en sus pensamientos.

—¡Sí podemos! Sólo tienen que pedirnos ayuda – susurró el Espíritu Santo en sus corazones.

—Bueno –dijo Pepe con un suspiro de alivio–, ¿quién quiere un helado ahora? Creo que con estas monedas que tengo aquí podremos comprar uno para cada uno.

Todos los niños sonrieron, y empezaron a caminar juntos hacia la tienda más cercana.

Citas bíblicas relacionadas con el cuento:

Deuteronomio 32:39
Isaías 57:13
Habacuc 2:18-20
Salmo 40:4

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