15. Pepe y el desfile de villancicos de Navidad

—¡Aquí estás, Pepe! –una alegre Bernice había encontrado finalmente a Pepe–. Te hemos buscado por todas partes.

El vecindario de Pepe se preparaba para comenzar su desfile tradicional de villancicos de Navidad. Todos estaban muy emocionados, excepto Pepe, que estaba sentado solo en la acera.

Cuando Bernice notó la mirada pensativa de Pepe, le preguntó: —¿Qué pasa?

Antes de que Pepe pudiera responderle, sus otros amigos se dieron cuenta que Bernice lo había encontrado y corrieron hacia ellos con gritos de entusiasmo. Al ver a Pepe triste, un silencio cayó sobre todos.

Pepe miró a Bernice a los ojos y dijo: —¿Qué sentido tiene hacer un desfile de villancicos? ¡Hay tanta tristeza en el mundo! Algunas personas no tienen nada que comer o un lugar para vivir, otros están muy enfermos, otros están siendo horriblemente maltratados, y a otros se les miente espantosamente. Ay… ¡mi corazón duele tanto!

Bernice y el resto de sus amigos se quedaron sin palabras. Todos se sentaron junto a Pepe en la acera para pensar en lo que Pepe había dicho. Una melancolía llenó el aire.

Los padres de Pepe, que estaban buscando a su hijo, vieron al grupo de niños sentados con caras que expresaban un pensamiento profundo.

Mientras se acercaban, la madre de Pepe no pudo evitar preguntarles: —¿Qué les pasa, niños? Mírense todos… sentados aquí, ¡pensando! Deberían estar preparándose ahora para cantar villancicos por el vecindario. ¿Sucede algo malo?

Pepe suspiró y le contó sobre la pesadez en su corazón.

Los padres de Pepe se miraron, y después de un momento de reflexionar cuidadosamente, el papá de Pepe dijo: —Niños, Dios también está muy triste al ver todo este desastre en el mundo. Por eso, creó un plan de salvación incluso antes del momento en que los humanos decidiéramos separarnos de Él en el Jardín del Edén. No estaríamos en este lío si hubiéramos decidido permanecer en Él y obedecerle y confiar en Él. Pero no, somos muy orgullosos y nos despedimos de Dios… simplemente le dijimos “adiós”. Así que nos trajimos, a nosotros mismos, toda esta oscuridad…”

Los niños se miraron unos a otros. Los Tres Mosqueteros sonreían y escuchaban atentamente, aunque nadie los veía.

—¿Y ahora qué? –Pepe tenía curiosidad–. ¿Qué debemos hacer?

—Bueno –continuó el papá de Pepe–, ¡por eso tenemos que celebrar con alegría el nacimiento de Jesús! ¡Ese fue el plan de Dios para nuestra salvación! Dios, en su inexplicable amor por nosotros, ideó un plan increíble. Somos tan imperfectos que sólo Dios puede salvarnos de nosotros mismos y de este terrible lío en el que estamos. Así que Dios Padre nos envió a su único Hijo Jesús que vino aquí, por su propia voluntad, para hacer nuevas todas las cosas. Piensen en esto: ¡Dios se hizo humano! Jesús era completamente humano y completamente Dios al mismo tiempo. ¿No es asombroso?

El papá de Pepe se detuvo, perdido en el pensamiento de lo verdaderamente maravilloso que eso es.

Como los niños aún estaban escuchando, la mamá de Pepe continuó: —Jesús nos abrió el Reino de los Cielos. ¡Incluso lo trajo aquí a la tierra! Y, con su muerte y resurrección, derrotó todo el mal y la oscuridad de nuestras vidas si elegimos amarlo, seguirlo y obedecerlo. Gracias también a Jesús, tenemos al Espíritu Santo que nos ayuda a convertirnos en las personas que Dios quiere que seamos. Así que, aunque todavía hay oscuridad en este mundo, tenemos que recordar que Dios lo derrotó todo en Jesús. Jesús trajo la luz. Y por eso, ahora podemos elegir que Dios trabaje en nuestros corazones, y además, elegir ser sus ayudantes. Un día viviremos con Dios en un lugar donde ya no habrá más dolor, tristeza, maldad y desastre. ¿No es esto una esperanza maravillosa y tranquilizadora?

—¡Increíble! –exclamó Bernice–. Todos… ¡levántese! ¡Tenemos que celebrar la llegada de Jesús a la tierra! ¡Vamos! ¡Cantemos a nuestro Rey y Salvador!

La niña saltó desde donde estaba sentada con tanta energía y determinación, que el resto de los niños tuvieron que seguirla.

Los padres de Pepe sonrieron y los siguieron. Los Tres Mosqueteros, Padre, Hijo y Espíritu Santo, se regocijaron por el amor que estaban recibiendo. El Espíritu Santo llenó de emoción y alegría los corazones de los vecinos, y el canto de todos, mientras desfilaban por las calles donde vivía Pepe, se parecía al coro de ángeles que anunciaron el nacimiento de Jesús en una noche tranquila en Belén.

Citas bíblicas relacionadas con el cuento:
Mateo 1:18-25
Lucas 2:8-20
Juan 3:16-21

Ponelo en práctica:

Dios Padre, por su inmenso amor a nosotros, dio a su Hijo Jesús como regalo al mundo para salvarlo de la oscuridad. ¿Qué podés darle o hacer vos por alguna persona para demostrarle tu amor y compasión?

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