8. La crisis de fe de Pepe

—Papi, estoy muy triste porque no pudimos comprar esas deliciosas y lujosas galletas de chocolate, ni tampoco el pastel de manzana y caramelo –se quejó Pepe cuando él y su papá llegaron a casa del mercado.

—Lo sé hijo, lo sé… todo se veía delicioso –suspiró su padre–. Te prometo que lo compraremos cuando encuentre un trabajo.

—¿Pero cuándo? ¡Has estado buscando uno hace ya bastante tiempo! –gimió Pepe con desesperación.

—No podemos perder la fe, Pepe –respondió su padre calmadamente–. ¡Encontraré trabajo! No hay nada imposible para Dios.

—Está bien… tengo que pensar positivo, positivo, positivo… –Pepe habló entre dientes y para sí mismo mientras guardaban las provisiones que habían comprado en el mercado.

—Pepe –sonrió su padre–, el pensamiento positivo no es lo mismo que la fe de la que Dios habla en la Biblia.

—¿Qué? –lo interrumpió Pepe.

—La fe bíblica no es una sensación en tu cuerpo, ni una actitud mental positiva, o algo inventado… todo eso es inestable –explicó su papá–. Es más bien el conocimiento y la firme convicción de que Dios hace lo que dice, y es totalmente fiable porque se basa en Su verdad. Pensá Pepe, Dios es totalmente digno de confianza… mirá Su resurrección, ¡Él nos salvó como nos lo prometió!

—Está bien… yo creo, creo, creo.. –Pepe cerró sus ojos forzadamente.

—Pero Pepe, ¿en qué creés? –le preguntó su papá desconcertado.

—¡Suficiente! –dijo Pepe exasperado–. Me voy a la sala a hacer mi tarea de la escuela –y salió rápido de la cocina con el ceño fruncido.

Pepe estaba dudando de Dios. Había rezado y hablado con Él por meses y nada, ¡NADA! Su padre no había encontrado un trabajo todavía.

¡Puf! Pepe pudo ver entonces a los Tres Mosqueteros.

—¡Pepe! –Jesús cautivó su atención–.  …[Te] aseguro que, si [tenés] fe tan pequeña como un grano de mostaza, [podrás] decirle a esta montaña: ‘Trasladate de aquí para allá’, y se trasladaría. Para [vos] nada sería imposible”. [Mateo 17:20]

Pepe lo miró con incredulidad: —No estoy muy seguro de eso.

―”Yo soy el pan de vida —declaró Jesús—. El que a mí viene nunca pasará hambre, y el que en mí cree nunca más volverá a tener sed”. [Juan 6:35]

—Entonces, ¿le ayudarás a papá para que encuentre un trabajo? Si podés, por supuesto –dijo Pepe no muy convencido de que Dios pudiera.

 ―”¿Cómo que si puedo? Para el que cree, todo es posible”. [Marcos 9:23]—respondió Jesús.

—¡Pero he rezado por muchas noches para que papi consiga un trabajo y mirá, no podemos comprar todo lo que queremos en el mercado! –una tristeza abrumó a Pepe.

El Padre intervino: —Podés aprender de mi hijo Jesús cuando un día me dijo: “Padre, si [querés], no me hagás beber este trago amargo; pero no se cumpla mi voluntad, sino la tuya”. [Lucas 22:42]

Y luego, el Espíritu Santo susurró en el oído de Pepe: “—… la prueba de [tu] fe produce paciencia”. [Santiago 1:3] Siempre respondemos a tus oraciones, pero no siempre de la forma en que vos querés o cuando vos querés. Estamos construyendo buen carácter en vos, Pepe. Estamos haciendo de vos una joya bellísima y brillante.

Pepe se sentía mareado. ¡Demasiadas palabras para él!

—No te olvidés de rezar también por tu fe, Pepe –habló Jesús al notar que la atención de Pepe se desvanecía–. Es importante que tu fe esté siempre fuerte.

—Cualquier cosa es posible si creés en mi Hijo, Pepe.  Además, si tenés fe en Él, vas a tener una vida más llena de gozo –el Padre le guiñó un ojo.

—Gozo… querés decir, ¿estar alegre todo el tiempo? –preguntó Pepe.

—¡No Pepe! –el Espíritu Santo se rió–. Significa tener paz aún en tiempos difíciles.

De repente, el papá de Pepe entró emocionado en la sala: —¡Pepe, Pepe! Acabo de recibir un mensaje donde me dicen que tengo una entrevista de trabajo mañana en un lugar genial.

El corazón de Pepe se llenó de esperanza, y de inmediato se volteó hacia los Tres Mosqueteros. Sin embargo, ya no los pudo ver más pues se habían hecho invisibles nuevamente.

—Supongo que tengo que rezar también por mi fe, y dejar que el poder de Dios me ayude con la misma –susurró Pepe para sí mismo, y una sonrisa de alivio iluminó finalmente su cara.

Luego, un pensamiento se le vino a la mente: —Mmmm… creo que será bueno que escriba todas las veces que Dios me ha ayudado para que no se me olvide que Él está siempre conmigo, y que Él siempre me oye.

Este cuento se basa en ideas de la Biblia:
Hebreos 11:1
Santiago 1:12
Lucas 8:48

 

 

 

 

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