6. Pepe conoce a Clara

—¿Tenemos que ir, mamá? Tal vez me voy a sentir mejor pronto… –se quejó Pepe cuando él y su madre iban en el carro camino al doctor.

Pepe aborrecía el doctor, pero sus padres decidieron que era hora de ir a visitarlo ya que tenía una tos que no se le quitaba y además había empezado con dolores de cuerpo.

La oficina del doctor estaba llena de pacientes. Pepe se sentía tan débil que se sentó en la primera silla que vio desocupada: —Ay, creo que tendremos que esperar aquí por muuuuucho tiempo –y torció los ojos de la frustración.

Mientras esperaba a que lo llamaran, Pepe decidió mirar a las otras personas que estaban en la sala. De repente, notó a una niña mayor que él que se estaba inyectando sola: —¿Qué? ¡No! –Pepe estaba aterrorizado, pero su curiosidad era más grande y decidió sentarse junto a ella.

—¿El doctor aquí hace que uno se inyecte solo? –le habló Pepe en voz baja.

—¡Hola! –le dijo la niña mientras se comía un delicioso sándwich–. Me llamo Clara, ¿y vos?

—Pepe –fue lo único que pudo decir mientras veía la aguja de la inyección que tenía Clara.

Después de comer un poco más, Clara le dijo prácticamente: —Tengo diabetes y necesito ponerme insulina para vivir. Es a través de esta inyección que me la pongo.

—¿Y, tenés que hacer esto todos los días? ¿Cómo podés vivir así? –Pepe estaba abrumado. No se podía imaginar haciendo eso, o viviendo con su terrible tos por el resto de la vida.

—Los Tres Mosqueteros –murmuró Clara mientras se terminaba su sándwich.

—¿También conocés a los Tres Mosqueteros? –se asombró Pepe.

—¿Qué podría hacer sin Dios en mi condición? Seguramente estaría muy triste y ¡quién sabe qué más! –le respondió Clara al tragarse su último bocado.

—Pero, pero… –empezó a decir Pepe.

—¿Pero qué? –le preguntó Clara–. El Espíritu Santo me llena de fuerza, paz, y gozo supernaturales, lo que me permite hacer lo que tengo que hacer todos los días y más. Además, gracias a lo que Jesús hizo por nosotros, sé que un día tendré un cuerpo nuevo.

—Pero eso no va a ser hasta que estés en el Paraíso –le cortó la conversación Pepe.

—¿Y qué? Por lo menos es una esperanza maravillosa en mi vida. Y mientras tanto, sé que Dios está conmigo hasta en las dificultades que me encuentro en el camino. Y cuando las cosas se ponen muy duras, Él hace que las mismas se pongan mejor.

Clara notó que Pepe estaba pensativo, por lo que añadió: —Sabés, esta condición me ha hecho acercarme más a Dios y a depender más de Él. Lo necesito.

—Sé lo que decís. Los Tres Mosqueteros me han librado de varias dificultades –comentó Pepe, e inmediatamente se acordó del hueco oscuro en el que había caído una vez en una construcción.

Clara sonrió y añadió: —Este problema de salud también me ha hecho ser una persona mejor y más linda.

—¿Qué querés decir con linda? –le preguntó Pepe, pues pensó si ella sería arrogante.

—Ay, linda adentro o en el corazón, bobo –se rió Clara.

—Bueno, creo que también sos linda afuera –se enrojeció Pepe.

El Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo estaban observando y escuchando a Clara y a Pepe con mucho deleite: —¡Cuánto los amamos! –exlamó el Padre.

—¡Pepe! ¡Vení! Es nuestro turno para ver a tu doctor –lo llamó su mamá.

—Rezaré por vos –le dijo Clara.

—Y yo por vos –se volteó Pepe con un saludo de despedida mientras caminaba hacia su mamá.

Este cuento se basa en ideas de la Biblia:
Romanos 12:11-12
2 Corintios 5:1
Salmo 23:1-4

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google photo

You are commenting using your Google account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s